ANDAR

mayo 8, 2015 § Deja un comentario

En Gálatas 5:16, Pablo nos manda: “Andad en el Espíritu”. Repite la sugerencia en una forma un poco diferente en el versículo 25, pero con la misma insistencia. Dice: “Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”.

Ahora bien, la palabra “andar” excluye toda actitud pasiva; el andar siempre es una actividad. Andar en el Espíritu no es ser llevado o cargado; más bien es tomar iniciativas con toda la intención de hacer algo, de tomar una dirección. “Andar en el Espíritu” es una ocupación. “Andar en el Espíritu” se refiere a algo que Dios quiere que hagamos.

Sabemos que para andar es necesario ponerse sobre los dos pies y movernos hacia adelante alternando sucesivamente el movimiento de los pies. Así avanzamos. Es algo que aprendemos a hacer más o menos cuando cumplimos nuestro primer año. Sin embargo, no siempre usamos la palabra “andar” en este sentido, aunque este esté en el trasfondo de los otros significados. El “andar” es mucho más que simplemente eso. Sabemos que andar tiene muchos sentidos metafóricos y analógicos, derivados del sentido literal, pero que se refieren al comportamiento y/o actividad. En muchas ocasiones la frase se refiere a la conducta en la vida.

Usamos la frase en este sentido cuando decimos de una persona que “anda bien” o “que anda mal”, especialmente cuando anda mal. Aplicamos la frase aun al coche cuando necesita afinación. Cuando un aparato (o persona) no se comporta como es de esperarse, decimos que anda mal. Cuando se trata de personas, nuestro comentario suele tener connotaciones éticas, debido a que nos referimos a su comportamiento o conducta moral.

Decimos que alguien anda bien cuando progresa, cuando avanza en armonía. Cuando alguien sigue las instrucciones y avanza en su camino acercándose a la meta, decimos que anda bien. Utilizamos esta táctica para motivar a los niños. Les decimos que andan bien y les animamos a que sigan haciéndolo.

Pablo dice (en Gálatas 5:18) que los creyentes somos guiados por el Espíritu. Las instrucciones del camino vienen de Él. Cuando seguimos las direcciones que Él nos da, entonces “andamos en el Espíritu”. El esfuerzo de andar y la actividad son nuestras, pero la dirección, las instrucciones, la motivación y el impulso vienen del Espíritu de Dios.

El Espíritu obra por medio de la Palabra. Es Él quien nos ha dado la Palabra. Escuchar la Palabra es escucharle a Él. La voz del Espíritu se oye en la Palabra. Leer la Palabra es de suma importancia para andar en el Espíritu. Sin la Palabra no es posible “andar en el Espíritu”. También es importante estar presente donde la Palabra se comenta, se estudia, se enseña y donde es tema de conversación y base de la comunión. Participar en todos los aspectos de la vida congregacional, en las sociedades, en los coros, en los programas y en las clases es una forma de “andar en el Espíritu”. Y, por supuesto, participar en todas estas actividades es andar en el Espíritu, ya que “andar” es una acción que hacemos conscientemente.

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