LA CONSOLACIÓN DE ISRAEL

diciembre 13, 2014 § Deja un comentario

“La consolación de Israel” es lo que Simeón esperaba. El historiador Lucas empleo ésta para caracterizar a Simeón (Lucas 2:25), a fin de que tuviésemos una idea de cómo era este hombre. La frase nos plantea dos preguntas: (1) ¿Qué cosa es “la consolación de Israel”? (2) ¿Cómo son las personas que la esperan?

Es obvio, por el contexto, que la frase era una manera para referirse a la esperanza mesiánica que formaba el núcleo de la fe de los creyentes “justos y piadosos”, que es otra caracterización que emplea Lucas para darnos un idea de cómo fue Simeón. La palabra en griego (paráklesin) es de la misma raíz de la palabra que Jesús usó para hablar del Espíritu Santo, el paracleto, que es traducido “el Consolador”(aunque es importante notar que es el “otro” consolador[Juan 14:16]). Y como la palabra “paracleto” se puede traducir como abogado, “paraclesin” puede traducirse como abogacía. La abogacía, desde luego, es algo que ejerce una persona; entonces la “consolación” es lo que nos da el Consolador. La consolación que esperaba Simeón era lo que proporcionaba el Consolador. Tener una abogacía eficaz quiere decir que se tiene buenos abogados. Una verdadera consolación es tener un competente Consolador, es decir, lo que esperaba Simeón era una persona.

Una persona que espera es una que tiene confianza, sabe lo que espera y está segura de que esto viene. Más todavía, Simeón sabía, por Dios mismo, que no moriría hasta no ver esta consolación, que en el versículo 26 es llamado el “Ungido del Señor” (“Cristo”, en el texto griego, y “Mesías” en la mente hebrea).

Tal persona es tranquila, pero expectante. No duda del futuro, sin embargo, está ansiosa para ver lo que el porvenir trae, pues sabe lo que viene y ésta es su esperanza, ya que está segura de lo que le viene. Por eso, está en el mundo, viva y reposada. Ve todo pero tiene un interés muy enfocado. Espera con anhelos de experimentar lo prometido, pero está contenta esperando. Todos nosotros podemos ser como esta persona, porque podemos decir con Simeón: Han visto mis ojos tu Salvación. (Lucas 2:30).

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