LA OFRENDA COMO ALABANZA

octubre 25, 2014 § Deja un comentario

Hoy, por costumbre—ya son treinta y cuatro veces—, vamos a levantar una ofrenda especial por nuestro aniversario. Desde su inicio, al terminar nuestro primer año de existencia, como iglesia hemos pensado que ésta era una manera correcta y sincera para alabar a Dios. Además, lo seguimos creyendo.

Según la Confesión de fe de Westminster, los presbiterianos no permitimos nada en el culto que no esté mandado por Dios (Capitulo 21). Y es fácil notar que en casi todas las iglesias presbiterianas—incluyendo la nuestra—consideran a la ofrenda como una forma de rendir culto. Esto es un claro testimonio de que creemos que la ofrenda es una parte legítima del culto. Es una expresión sincera, dada como alabanza a Dios, es decir, la ofrenda es una verdadera expresión de lo que sentimos y pensamos.

En los libros escritos sobre el culto—y son muchos—se preocupan más sobre el lugar de la música y sobre qué tipo de música podemos usar, ya que hay aspectos muy cuestionables en este campo, sin embargo, en cuanto a la ofrenda nadie duda de que hablamos a Dios desde el corazón al ofrecerlas.

La ofrenda es una expresión con la que “hablamos” franca y elocuentemente, aunque sin palabras. Por eso, la podemos considerar como una alabanza, ya que es una expresión motivada. La ofrenda reconoce a Dios como nuestro Dios. En nuestras oraciones le hablamos “de tú”. Este aspecto de “para ti” es aún más fuerte con nuestras ofrendas.

No es una expresión de “meras palabras”. Más bien, es una expresión hecha con lo que es de mucho valor en nuestra cultura, pues el dinero es casi como un baál en nuestros tiempos. Es como un dios que nos tienta constantemente. Al presentar nuestras ofrendas resistimos estas tentaciones, y servimos al Dios Verdadero. Así experimentamos que estamos libres para servir al Dios que conocemos por su Palabra.

La ofrenda es un ejercicio en la libertad, como lo es toda alabanza. Con la ofrenda expresamos nuestra admiración, gratitud, devoción, veneración, fascinación, y el gozo de ser su pueblo, su familia, habiendo sido adoptado por su gracia en Cristo Jesús. Toda la alabanza que no logramos decir de las otras maneras, logramos decir con nuestra ofrenda como alabanza.

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