LA REFORMA Y LA PREDICACIÓN

junio 4, 2014 § Deja un comentario

Algunos historiadores de la Reforma Religiosa del siglo XVI  la llaman “el triunfo de la predicación”. Es decir, para estos especialistas en la época afirman que la Reforma, en esencia, no fue política, lograda por intrigas, negociación, influencia, o el acuerdo de autoridades; tampoco fue militar ni lograda por armas, soldados o violencia. En lugar de esto, insisten en que se trató esencialmente de un movimiento religioso, en el sentido verdadero del vocablo, logrado por medio de la predicación, por la exposición de la Palabra de Dios.

El énfasis sobre la predicación como una exposición de la Palabra (que es diferente del concepto de la “oratoria sagrada” de la iglesia romanista) tiene dos fundamentos. Uno es la confianza en que la Biblia es la inspirada Palabra de Dios y el otro fundamento es la confianza de que el pueblo creyente es el pueblo de Dios, o sea, la iglesia. Y la Palabra es el mensaje de Dios para su pueblo, ya que ese pueblo vive por la Palabra de Dios. Sin estas dos convicciones no hubiera habido Reforma.

Estas dos convicciones existían, por supuesto, antes de la Reforma. Los conceptos caracterizaban la iglesia primitiva y, a través de la historia, periódicamente hubo intentos de restaurarlos en todo su vigor. Por esto a los pre-reformistas como Juan Wicliff y Juan Huss los mataron. Los dos creían en la Biblia y estaban convencidos de que la Biblia era para el pueblo. Y la predicaban.

La Reforma restauró la predicación como el meollo del culto y la esencia del cristianismo. A partir de la Reforma y hasta los días actuales existe un énfasis sobre la predicación de la Palabra como lo esencial de la iglesia reformada. En estos casi quinientos años, la lucha por preservar este énfasis nunca ha cesado.

Esta convicción reformada implica (y la iglesia Presbiteriana es una iglesia reformada)  que la iglesia verdadera cae o sigue en pie por su predicación. No se habla de la mera oratoria sobre temas religiosos, ni de conmover la voluntad del ser humano como lo hace la oratoria política, sino de una clara proclamación de lo que se enseña en la Palabra de Dios.

Más que simplemente tener pastores instruidos, las iglesias reformadas sobre todo buscan tener congregaciones instruidas en la Palabra de Dios. Los pastores tienen que dedicarse a ello. La predicación implica un fuerte deseo de que el pueblo de Dios tenga un profundo conocimiento de la Palabra. También tienen la convicción de que la exposición de esta Palabra  es lo único que realmente da vida espiritual al pueblo de Dios.

La figura geométrica que mejor ilustra este énfasis es la elipse, un círculo con dos ejes. En este sentido, la predicación gira en torno a dos conceptos: la Palabra de Dios y el pueblo de Dios.

En este respecto la iglesia “Berith” ha sido una iglesia reformada desde su inicio, y lo ha de seguir siendo para preservar su existencia.

Pbro. Gerald Nyenhuis H.

 

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